El Culto Mariano: orígenes y desarrollo

Anunciación

La Iglesia con los siglos, a través de la reflexión teológica, ha probado las bases bíblicas, patrísticas y tradicionales del culto de María.
En los Evangelios, María es parte del misterioso plan de Dios mediante:

  • La concepción virginal de Jesús;
  • el diálogo de fe con Dios en la serie del Hijo hasta la cruz;
  • la distribución con la comunidad de los Apóstoles.
  • La Iglesia, en la época antigua, ha fijado para María las principales verdades de fe que fundan la dogmática Mariana:
  • “Theotòkos” (Madre de Dios) en el Concilio de Efeso de 431;
  • “Aeiparthenos” (Siempre Virgen) en el Concilio Lateranense de 649.

En el medioevo el culto Mariano se desarrolla posteriormente. La oración monástica habla de María como “Reina” y “Madre de Misericordia”, “Mediadora de la reconciliación entre Cristo y la Iglesia” y “Madre de los Milagros a favor de los pecadores”. Es posible individuar estos epítetos en los oficios de la bendita Virgen María y en las diversas coronas marianas, de las cuales se derivará el Santo Rosario.
En la edad contemporánea, las apariciones de la Virgen a Caterina Labouré (1830) y a Bernadetta Soubirous en Lourdes (1858), acompañaron la formulación del “Dogma de la Inmaculada Concepción” (1854), proclamado en el año 1854 por el Papa Pío IX en unión con todos los Obispos del mundo. La gran difusión del culto mariano culmina con el “Dogma de la Asunción de María” sancionado por Pío XII en el año 1950.
Hoy, la Doctrina Mariana se basa especialmente en “Lumen Gentium”, constitución dogmática del Concilio Vaticano II, que presenta a María en vestidos de “Madre del Salvador” incluida en el misterio de Cristo, de la Iglesia y de la Salvación universal. Después del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI publicó la exhortación apostólica “Marialis cultus” para el correcto orden y desarrollo del culto a la Bendita Virgen.
Maria ha encontrado también un gran respaldo en Juan Pablo II, pontífice enamorado de la figura de la Virgen, que eligió como lema apostólico “Totus tuus” y consagrando su mandato a María. Sus reflexiones marianas más notorias son enunciadas en la encíclica “Redemptoris Mater” de 1987, mientras que en la Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae” del 2003 relanzó la práctica del Rosario enriqueciéndolo de los “misterios de la Luz”.

Rosario
El Rosario del sábado en la tarde en Nazaret
Corona de Nazaret