Nazaret cruzada

Con la conquista cruzada de Jerusalén (1099), el Principado de Galilea fue entregado a Tancredi d’Altavilla, quien estableció la capital en Tiberiade. El Principado permaneció siempre vasallo del Reino del Jerusalén, asignado a familias originarias del norte de Francia y en especial modo, a partir de 1120, a la dinastía de los Bures de Île-de-France.

Un obispo latín de nombre Bernardo ya activo en Nazaret en 1109-1110, a la cabeza de un capítulo de canónicos regulares que se ocupaban del servicio litúrgico y del recibimiento de los peregrinos. Bajo el obispo Guglielmo (Guillermo: 1125-1129), sucesor de Bernardo, Nazaret se volvió arquidiócesis metropolitana con jurisdicción en toda Galilea y con dos sufragáneos guiados por el abad del Monte Tabor y el obispo de Tiberiade.

La Gruta de la Anunciación, fue englobada en una nueva construcción solemne y se volvió punto de numerosos peregrinajes. El primer testimonio escrito en la basílica cruzada data de 1106-1107 y es del peregrino ruso Daniele, quien cuenta haber visto levantarse, en el centro del pueblo, una gran e imponente iglesia, que conservaba en su interior la gruta en la que el Ángel le hizo el anuncio a María.

En el testimonio, los trabajos para la construcción de la imponente basílica se iniciaron bastante pronto, quizás gracias a las abundantes donaciones que Tancredi hizo a la iglesia de Nazaret. La basílica, servida por canónicos regulares, se ubicó al lado del palacio episcopal y fue dotada de un hospital para recibir a los peregrinos, así como de una rica biblioteca. Además, el arzobispo tenía a su servicio seis caballeros y casi ciento cincuenta sargentos. La arquidiócesis se volvió muy rica tanto que se jactaba de tener propiedades desde el oriente hasta el sur de Italia, pueblo que contaba, en 1172, casi dieciséis iglesias dependientes de Nazaret.

Es innegable que la catedral de Nazaret, en sus formas refinadas, así como demostraron los restos arqueológicos, reprodujo el bienestar y el prestigio del arzobispado. Los cruzados más allá de la Anunciación, construyeron al menos otras dos iglesias, la de San José y la de San Gabriel, que incluía el pozo en el que María, según el protoevangelio de Giacomo, encontró al Ángel antes de recibir el anuncio en la habitación.

Aunque no se puede verificar la dimensión de los daños que la ciudad sufrió en el catastrófico terremoto que el 29 de junio de 1170, azotó duramente Siria y la ciudad de Tiro, es cierto que Nazaret fue objeto de saqueos musulmanes que siguieron al terremoto. Los nazarenos y los religiosos fueron capturados y encarcelados. En diciembre del mismo año, el papa Alejandro III, motivado por una llamada de Letardo, Arzobispo de Nazaret, escribió a los cristianos de Francia para que socorrieran a la ciudad. El Padre Bagatti, que dirigió las excavaciones de Nazaret, sostiene también que la iglesia sufrió los daños del terremoto. Según el arqueólogo, el sismo hizo una divisoria entre el momento de construcción y el de decoración del edificio, hizo posible la contribución de Francia. La relación entre Nazaret y Francia debe haber sido muy estrecha, dado que el mismo estilo arquitectónico y escultural con el que se decoró la catedral es del estilo francés del siglo XII, especialmente de Borgoña, Ile-de-France, Viennois y Provenza.

El peregrino griego Giovanni Focas de 1177 (o quizás de 1185) describió una gruta de la Anunciación modificada respecto de la de inicio de siglo y espléndidamente decorada. Los indicios llevan a pensar que la construcción y parte de la decoración de la catedral fueron terminados ya dentro de finales del siglo y antes de los ataques sarracenos. En 1183, los habitantes de Nazaret fueron presa de asalta por primera vez por las tropas de Saladino, que acamparon en las alturas cercanas obligando a todo el pueblo a refugiarse en la iglesia construida con sólidos muros.

La iglesia sirvió de fortaleza y refugio incluso después de la derrota de los cornetas de Hattin, en julio de 1187, cuando los habitantes fueron presas del asedio del emir de Saladino, Muzafar al-Din Kukburi. El asedió llevó a la conquista de Nazaret, al exterminio de los ciudadanos y a la profanación del edificio sagrado, que sin embargo no fue destruido.

Por casi cuarenta años la ciudad y su arquidiócesis permanecieron en manos de musulmanes y solo una serie de treguas y concesiones permitieron a los religiosos retomar las celebraciones en la basílica y de hospedar a los peregrinos.

Nazaret y el camino que unía a Acri fue formalmente sometida al control cristiano en enero de 1229, gracias al acuerdo realizado entre Federico II y el Sultán al-Malik al Kamil; el control franco de la ciudad fue confirmado aún en 1241, pero parece que el arzobispo lo había hecho regresar no antes de 1250.

La última generosa donación de muebles, paramentos y vestimentas sacerdotales a la catedral fue realizada por el rey de Francia Luis IX, quien acudió en peregrinaje a Nazaret en marzo de 1251.

Finalmente, en abril de 1263 la ciudad fue presa de un asalto por uno de los emires del sultán Baibars: el pueblo fue saqueado y la imponente basílica cruzada destruida para siempre. Salvada de la destrucción, la Gruta de la Anunciación permaneció hasta 1730 como único lugar aún accesible a los cristianos del lugar y a los peregrinos, los cuales no obstante eran obligados a pagar una tasa a los guardianes musulmanes.