La primera iglesia franciscana del siglo XVIII

En el siglo XVIII, en Nazaret, las comunidades cristianas vivieron un momento de mayor tranquilidad. Es prueba de ello el hecho de que en 1730 el Pachá permitiera la construcción de una nueva iglesia sobre la sagrada Gruta, a ser realizada en seis meses, el tiempo necesario para su peregrinaje a la Meca. El 15 de octubre de 1730, el Guardián Pedro de Luri consagraba la nueva iglesia, que finalmente pudo acoger a la comunidad local latina ya en continuo crecimiento. El día de la inauguración, de hecho, se hizo la confirmación a más de cien católicos. El crecimiento de la comunidad alienta la Custodia a comisionar, en el año 1877, el alargamiento de la misma iglesia, gracias al soporte del padre Cipriano da Treviso, comisario de Tierra Santa.

El edificio tenía una orientación norte-sur, con la gruta de la Anunciación, precedida por una breve antecámara, encerrada en la cripta debajo del presbítero. La iglesia fue descrita, en las crónicas de Tierra Santa contemporáneas, como la más bella poseída por la Iglesia Latina en oriente. El padre Elzear Horn, en 1742, realizó diversos dibujos que indican bien la organización de la Gruta debajo del presbiterio, al que se puede llegar por una escalinata. En la antecámara a la Gruta estaba la Capilla del Ángel, con bóvedas de cruceta sostenidas por las cuatro columnas en granito hoy todas visibles. En la antecámara, a la izquierda, estaba el altar dedicado a San Gabriel. En la gruta se ubicaba en el fondo el altar leñoso, abundantemente decorado con una pintura que ilustra la Anunciación y, debajo del altar, el punto exacto de la Encarnación, señalado por el escrito en plata: “Verbo Caro hic factum est”. Todas las ilustraciones del siglo XVIII muestran la columna despiezada y la completa, que desde siglos indican el lugar en el que se encontraba el Ángel Gabriel y la Virgen durante el Anuncio. El ambiente estaba unido, por una antigua zanja, a la gruta llamada la “Cocina de María” y al convento franciscano.

La iglesia superior tenía dos altares a lo largo de los flancos dedicado uno a San Francisco y el otro a San Antonio de Padua, y dos altares laterales en la zona absidal, dedicados a San José, esposo de María y a Santa Ana, madre de la Virgen.