El nuevo santuario

Foto aerea di Nazaret

Ya a fines de la primera guerra mundial, la Custodia manifestó, al Papa Pío IX, la idea de construir un santuario más digno, en el lugar de la Anunciación. Muchos años después, en 1954 si presentó la ocasión ideal: el primer centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Para celebrar este suceso el padre custodio Giacinto Faccio, decidió emprender las obras, que incluyeron la demolición de todas las estructuras del siglo XVIII y las investigaciones arqueológicas de los restos antiguos.

El conocido arquitecto Antonio Barluzzi, que había realizado importantes santuarios para la Custodia, como el Getsemaní, el Tabor y el Dominus Flevit, fue el primero en recibir el encargo de la planificación del nuevo santuario. Un artículo con los dibujos de su proyecto fue publicado en la revista de Tierra Santa del año 1954. El proyecto previó una gran iglesia con piso central, cubierta por una cúpula y sostenida por cuatro campanarios; fue concebida, como la Basílica del Santo Sepulcro, con la Gruta venerada en el centro.

El redescubrimiento del antiguo pueblo y de los restos arqueológicos de los diversos edificios de culto con los siglos, manifestaba una antigua e ininterrumpida veneración mariana, por ello se convierte en un elemento indispensable a ser considerado en la planificación del nuevo santuario. En esta línea también estaba la Santa Sede, de la que partió la invitación de conservar lo mejor posible los restos del antiguo pueblo y las diversas iglesias. Solicitud que llevó a la Custodia a promover un nuevo proyecto, esta vez encargado al arquitecto italiano Giovanni Muzio, bajo propuesta del Padre Custodio Alfredo Polidori, quien valoró la experiencia de Muzio en la planificación de edificios religiosos, en especial para los Padres Menores, para los cuales en Roma se construyó la iglesia de San María Mediadora y la anexa Curía General.

Las necesidades a satisfacer fueron diversas: construir un nuevo santuario mariano que pudiera recibir a millones de peregrinos de todo el mundo; conservar lo mejor posible a la vista los restos cruzados, bizantinos y pre-bizantinos como testimonio de la larga veneración en el lugar; solucionar las difíciles condiciones topográficas debido a la fuerte pendiente de la colina; pensar en un lugar práctico y fácilmente manejable también para un número limitado de religiosos y que pudiera además acoger las actividades de la comunidad parroquial de Nazaret. El arquitecto se apasionó de tal forma con dicho proyecto que renunció a sus honorarios.

La basilica durante la costruzione

Concibió una iglesia fundada sobre los muros cruzados y subdividida en dos niveles, de forma que en el inferior, los fieles pudiera quedarse orando delante de la gruta de la Encarnación del Vero, en un ambiente simple pero con capacidad al mismo tiempo, mientras que en una gran iglesia superior se celebrara la glorificación de María a través de los siglos y los continentes. Para ello decidió decorar las paredes con las diversas manifestaciones marianas ocurridas en diversas regiones del mundo. Muzio pensó también en un gran óculo central abierto sobre la Gruta, de forma que las dos iglesias pudieran fundirse en una sola, coronadas por una cúpula poligonal con forma de corona de flores invertida con terminación de un farol, con la función de indicar desde lejos, como una estrella, el lugar santo.
Con la aprobación de la Santa Sede las obras se iniciaron y continuaron sin descanso. La Custodia hizo frente a los enormes costos de la obra también gracias a la generosa respuesta de muchos donantes que, a través de las páginas de la revista “La Tierra Santa” y la valiosa colaboración de los Comisarios de Tierra Santa, permanecieron actualizados sobre las fases de la construcción.
Los trabajos para la sistematización del lugar comenzaron en 959 y el acuerdo con la empresa ejecutora fue firmado en setiembre de 1960. En 1964, el Papa Pablo VI, durante su peregrinaje a Tierra Santa, acudió a visitar el nuevo Santuario aún en construcción.
Domingo 23 de marzo de 1969, después de ocho años de trabajo, el santuario fue finalmente consagrado en presencial del Cardenal Gabriele Maria Garrone – el entonces Prefecto de la Sta. Congregación para la Educación Católica, del Patriarca Latino de Jerusalén S.B. Monseñor Gori, del Ministro General de la Orden Franciscana padre Costantino Koser, del Guardián de Tierra Santa Rev.mo P. Alfonso Calabrese. Los guardianes que se alternaron durante la planificación y la ejecución de la obra fueron P. Giacinto Faccio, P. Angelo Lazzeri, P. Alfredo Polidori, P. Lino Cappiello y P. Alfonso Calabrese.